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2024-04-15 22:57:26

La calle, el destino de muchos demandantes de asilo en Bruselas

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Bruno Fortea Miras |

Bruselas, (EFE).- Amontonados en tiendas de campaña, con la ropa justa para enfrentarse al frío invernal y con la comida que les entregan ciudadanos y entidades, decenas de migrantes duermen desde hace semanas junto al canal de Bruselas, a las puertas del mayor centro de acogida de Bélgica, con la esperanza de lograr asilo político.

La mayoría de los acampados son hombres jóvenes, sobre todo de Afganistán, aunque también hay algunos que vienen de Burundi, Eritrea o Palestina y que, una vez llegados a Bélgica, se topan con un sistema público desbordado, con falta de plazas en los centros de acogida, y que, entre tanto, no puede garantizarles un techo.

La Agencia Federal para la Recepción de Solicitantes de Asilo (Fedasil), el ente público encargado de acoger a los refugiados en Bélgica, ya avisó a finales del pasado 2022 que su red de centros estaba saturada, y admitía que, desde hace algo más de un año, es habitual ver a solicitantes de asilo durmiendo por las calles.

Es el caso de Assad, un chico afgano de 21 años que lleva nueve meses viviendo en la calle, según explica en declaraciones a EFE: “¿Por qué no nos dan pasaportes?”, se pregunta el joven, que afirma que en su país trabajaba como conductor de vehículos.

Otro hombre afgano asegura que lleva medio año sin un hogar en Bélgica y, respondiendo a las preguntas de EFE desde la tienda de campaña en la que duerme, detalla que la Cruz Roja es una de las entidades que les ha dado comida mientras viven en la calle.

Médicos Sin Fronteras (MSF) es otra de las organizaciones que ha actuado para tratar de mejorar las condiciones de estos cerca de 200 migrantes, según los cálculos de la ONG, que acampan en el canal de Bruselas, frente al centro de acogida de referencia para refugiados en Bélgica, el llamado Petit Chateau (Pequeño Castillo).

“La situación es muy indigna para una ciudad como Bruselas, en el norte de Europa. Hasta hace dos semanas, la gente no tenía acceso al agua ni ninguna forma de ir al baño, así que hacían sus necesidades en la calle o en el canal”, apunta el gestor de políticas de MSF en Bélgica, David Vogel, en declaraciones a EFE.

Para revertir esta situación, la ONG ha instalado casetas con sanitarios y suministra agua potable a los migrantes a través de un hidrante conectado a la red, algo que, según explica Vogel, “no se ajusta al tipo de operaciones” que MSF suele hacer en Bélgica, sino más bien en otras partes del mundo.

Aparte de esto, la entidad también realiza consultas médicas y ofrece atención psicológica a los demandantes de asilo acampados, que durante el día pueden acudir a un centro cogestionado por MSF en el que hay duchas, realizan actividades y reciben ropa y comida.

A nivel sanitario, Vogel apunta que han detectado casos de sarna en el 80 % de los migrantes acampados que han sido atendidos por los doctores de Médicos Sin Fronteras, aunque también hay enfermos de tuberculosis o de otras enfermedades graves, como VIH o cáncer, que no habían recibido ningún tratamiento.

También hay ciudadanos belgas que se acercan a la zona de la acampada para ayudar a los migrantes a título individual. Es el caso de Sophie, que vive a dos calles del lugar, y que ya ha ido varias veces a darles comida, colchones y, sobre todo, zapatillas, ya que algunos de ellos van en chanclas.

“Fui al supermercado con esta gente y les pregunté si querían algo. Hablé un poco con ellos, y me dijeron que necesitaban zapatillas, zapatillas y más zapatillas. Pregunté a mis amigos si me podían dejar algunas, y ahora doy todas las zapatillas que puedo”, explica Sophie en declaraciones a EFE.

Los tapones para los oídos son otro producto que los solicitantes de asilo han pedido a Sophie, ya que están acampados junto a una de las avenidas radiales de Bruselas, en una zona con bastante tráfico.

Para Arianne, una vecina del barrio bruselense de Molenbeek, la situación en la que viven estos migrantes es “inaceptable” y, por esta razón, les ha traído abrigos y mantas que ella no necesitaba.

“Es una situación difícil para nosotros, como africanos. Sé lo que es esto, y no he dudado en ningún momento en echarles una mano. Se encuentran en un estado muy precario”, comentó Arianne a EFE.

En Bruselas, según los cálculos de varias ONG, duermen en la calle entre 2.000 y 3.000 solicitantes de asilo que llegaron al corazón de Europa en búsqueda de protección internacional, pero que, de momento, sobreviven en tiendas de campaña o en camas improvisadas con cartones.


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