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2023-03-23 16:36:30

El avatar español de la modista ucraniana Anna Selevaniuk

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María Rosado | Valladolid (EFE).- La modista ucraniana Anna Selevaniuk acababa de ampliar su casa con jardín en Nikolaiev, donde vivía con su marido y sus dos niñas, cuanto estalló la guerra en Ucrania y tuvo que abandonar su hogar con poco más que lo puesto y ahora, casi un año después, su avatar español “Aña”, como cariñosamente suena su nombre en castellano, regenta un atelier de costura en Valladolid en el que cose de todo, también su vida.


Desde “Aña, atelier de costura”, en un guiño también a su nuevo hogar en España, la modista ucraniana Anna Selevaniuk, de 37 años, con título en su país, donde diseñaba juguetes y maillots para gimnasia rítmica, se ha embarcado en su propio negocio en Valladolid, con el apoyo económico de sus padres, porque no le quedaba otra para sacar adelante a sus dos hijas y porque “para coser” no necesitaba hablar.

La modista ucraniana Anna Selevaniuk en su atelier en Valladolid. EFE/Nacho Gallego


“Mi trabajo habla muy bien español”


“Mi trabajo habla muy bien español, cuando trabajas bien no necesitas idiomas”, traslada en una entrevista a EFE con un castellano en el que se hace entender perfectamente, tras menos de un año en España.


Fue en marzo del 2022, cuando después de dos semanas metidos en un sótano escuchando caer las bombas, cogieron las plazas que les ofreció un amigo que iba a ir a otra ciudad y Anna y sus dos hijas emprendieron el viaje que durante seis días, con parada en una ciudad frontera con Polonia, les llevaría a Valladolid.

Sin embargo, su marido no tomaría ese camino hasta agosto.


Tras la muerte de su padre, su madre, profesora de inglés, se casó con un ciudadano búlgaro que tenía a una conocida en Valladolid, una mujer que les prestó casa y ayuda en los primeros meses y a la hora de poner en marchar el taller de costura, ya que se ha topado con el papeleo español que le ha dificultado acceder a ayudas para levantar el negocio.

La modista ucraniana Anna Selevaniuk en su atelier en Valladolid. EFE/Nacho Gallego

Soltura con el idioma

“Aña” recuerda esos meses sola, con sus dos pequeñas de seis y tres años, hasta que en agosto llegó su marido, aunque ya desde junio se había hecho con el traspaso del local en el que abrió el taller de costura en Valladolid, centrado en arreglos sobre todo. Las dos primeras semanas tuvo incluso que echar mano de un intérprete para hacerse entender entre las clientas.


Tres horas diarias al día de español, de la Cruz Roja, la Universidad y la iglesia, reforzadas con más trabajo en casa, le han llevado a una cierta soltura con el idioma y lo que no entiende lo busca en internet y resuelto.


Su marido no ha tenido la misma fortuna, era gerente en una empresa de fontanería en Ucrania y aquí no encuentra trabajo, “es muy difícil”.


“No tienes otra vida, necesitas hacer lo que quieres ahora”


“Cuando se pierde todo la vida es muy corta. No tienes otra vida, necesitas hacer lo que quieres ahora, no mañana”, traslada la Aña española al ser interpelada por su valentía.


A diferencia de otras familias ucranianas en Valladolid, no se plantea volver a su país al menos en cinco años e incluso ha soñado diseñar sus propios trajes de novia y maillots para gimnasia. Ahora los que hace son encargos, ya diseñados, de algún club vallisoletano.


En la nueva vida de Anna Selevaniuk sus dos hijas van al colegio Pablo Picasso de Valladolid y ya leen libros en español. Eso sí, sus amigas son de Ucrania y no les gusta la comida de la escuela, es muy diferente.

A ella le satisface esa variedad de fruta, verdura o pescado que puede comprar, y aunque no tiene amigos españoles les agrada mucho la gente que entra en su atelier. “Muy buena gente, me gustan mucho”, insiste.


Es el caso de Adela, una clienta que entra a por unos arreglos en una blusa. Cose bien, sí, explica a EFE.


La Guerra, un tema en el que prefieren no pensar


Cuando está a punto de cumplirse ese primer año de guerra en su país, las noticias les siguen llegando de los que dejaron en su tierra, pero es un tema en el que prefieren no pensar en su día a día o en las conversaciones con sus hijas.


Lo que les llega es que “el tema está más tranquilo y que la mitad de la gente de las ciudades se ha ido”, explica.


No tienen televisión en su nueva vida en Valladolid pero su hija más mayor, con seis años y medio, que lee libros en español y tiene sus amigas ucranianas, echa de menos su otra vida.


Su hija le pregunta por qué viven en Valladolid y cuándo vuelven


¿Por qué vivimos aquí, por qué no volvemos a Ucrania?, le pregunta su hija. Ellos saben de la guerra y aunque hablan del tema prefieren no pensar en ello.


Y Aña se emociona especialmente cuando recuerda a la otra Anna, la que dejó su casa recién ampliada con jardín, la que tiene un hermano que vive en Odesa junto a su esposa, y que tampoco puede salir de allí.


Acababa de ampliar su casa y se preparaba una vida, la que ahora Aña se atreve a soñar desde su atelier en Valladolid.EFE

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